miércoles, 18 de enero de 2017

¿Es nuestra mente un espejo de la realidad?


Descartes, para fundamentar el conocimiento, se puso a enumerar todo lo que fuese dudoso e incluyó ahí la existencia del mundo exterior, pues ¿cómo saber si lo que percibimos es la realidad o un sueño?
¿Se puede dudar de todo?

Hume afirma que solo podemos conocer las impresiones sensibles, pero ¿cómo saber si estas proceden de un mundo exterior?


Kant, después de analizar las condiciones de posibilidad del conocimiento científico, llegó a la conclusión de que no podemos conocer las cosas tal y como son en sí mismas, sino tal y como se nos dan en nuestra sensibilidad. ¿Estás de acuerdo con él?


¿Es nuestra mente un espejo de la realidad?

miércoles, 11 de enero de 2017

El conocimiento en la historia de la filosofía



Para Platón, que tenía por modelo a las matemáticas, el conocimiento sensible es mera opinión, porque se refiere a cosas que están sometidas a cambio, mientras que el conocimiento auténtico ha de ser perenne, universal y necesario. El conocimiento intelectual, el conocimiento auténtico lo es de ideas inmateriales, eternas y universales, que son la auténtica realidad.

Para Aristóteles, aunque distinguía entre conocimiento sensible y racional, todo conocimiento en general parte de la experiencia, a partir de la cual la razón elabora los conceptos universales de las cosas concretas, formando la imagen común de lo percibido en la experiencia.
Los racionalistas, en el siglo XVII, como Descartes, Spinoza o Leibniz, volvieron a subrayar el papel dinámico de la razón en el conocimiento, admitiendo la existencia de ideas innatas, sin origen empírico (por ejemplo, la idea de perfección, o infinito). Los espiritas, como Locke y Hume, negaron su existencia, considerándolas compuestas a partir de impresiones sensibles por asociación.

Para Kant, en el siglo XVIII, la universalidad y necesidad del conocimiento la pone el sujeto, a partir de formas y conceptos "a priori", independientes de la experiencia pero aplicables a ella, porque sin experiencia no hay tampoco hechos.

Algo de esta noción de lo a priori o innato ha quedado en los tiempos actuales. Nuestra mente no es una completa tabula rasa, sino que viene al mundo con estructuras universales comunes a la especie configuradas genéticamente y que actúan cuando el sujeto recibe la experiencia adecuada.

Ideas y creencias


Conviene, pues, que dejemos este termino ideas para designar todo aquello que en nuestra vida aparece como resultado de nuestra ocupación intelectual. Pero las creencias se nos presentan con el carácter opuesto. No llegamos a ellas tras una faena de entendimiento, sino que operan ya en nuestro fondo cuando nos ponemos a pensar sobre algo. Por eso no solemos formularlas, sino que nos contentamos con aludir a ellas como solemos hacer con todo lo que nos es la realidad misma. (...) Toda nuestra conducta, incluso la intelectual, depende de cuál sea el sistema de nuestras creencias auténticas. En ellas "vivimos, nos movemos y somos”. Por lo mismo, no solemos tener conciencia expresa de ellas, no las pensamos, sino que actúan latentes, como implicaciones de cuanto expresamente hacemos o pensamos. ORTEGA Y GASSET, J.: Ideas y creencias. Madrid: Revista de Occidente, 1977, cap. I, pág. 18s.

No se puede vivir sin convicciones, sin interpretaciones del mundo. En “Ideas y creencias”, Ortega distingue dos tipos de convicciones o pensamientos: las ideas y las creencias. Llama ideas a los pensamientos que se nos ocurren acerca de la realidad, a las descripciones explícitas que podemos examinar y valorar; las sentimos como obras nuestras, como el resultado de nuestro pensar. Se incluyen en este grupo desde los pensamientos vulgares hasta las proposiciones más complejas de la ciencia.

Pero las convicciones a las que Ortega da más importancia son las creencias. No hay que limitar las creencias, como sin embargo se suele hacer, a la esfera de la religión: hay creencias religiosas, pero también científicas, filosóficas y relativas a la esfera de la vida cotidiana. A diferencia de las ideas, que son pensamientos explícitos, las creencias no siempre se formulan expresamente. No se quiere decir que nunca se pueda ser consciente de ellas; se quiere decir, simplemente, que operan desde el fondo de nuestra mente, que las damos por supuestas, que contamos con ellas. Son los supuestos básicos de nuestras argumentaciones y nuestra conducta.

Con esta tesis Ortega se enfrenta al intelectualismo: el intelectualismo tendía a considerar que los pensamientos conscientes son los que determinan nuestra vida; ahora Ortega señala que esto no es así, pues nuestro comportamiento depende de nuestras creencias y éstas apenas son objeto de nuestro pensamiento consciente. Cuando caminamos por la calle actuamos creyendo que el suelo es rígido, que podemos pasear sin que nos “hundamos” en él. No somos conscientes de este pensamiento, pero lo tenemos pues “contamos con él”. En las creencias “vivimos, nos movemos y somos”. No llegamos a ellas como consecuencia de la actividad intelectual, de la fuerza de la persuasión racional; se instalan en nuestra mente como se instalan en nuestra voluntad ciertas inclinaciones, ciertos usos, fundamentalmente por herencia cultural, por la presión de la tradición y de la circunstancia. Las creencias son las ideas que están en el ambiente, que pertenecen a la época o generación que nos ha tocado vivir. Las creencias no se pueden eliminar a partir de argumentos concretos, sólo se eliminan por otras creencias. Con nuestras creencias damos un sentido a la vida que nos toca vivir, a cada una de las cosas que experimentamos; ellas son el suelo en el que se asientan y del que parten todos nuestros afanes, todos nuestros proyectos: “las ideas se tienen y en las creencias se vive”.

Grados de conocimiento

Opinión es el grado menor de conocimiento, que se toma en consideración por ciertos motivos con los que se puede intentar convencer a los demás, pero sabiendo que otros pueden poner en cuestión nuevos motivos que permiten ver la cuestión desde otro punto de vista.

La creencia es manifestación de un convencimiento subjetivo profundo que, aunque no necesariamente irracional, no encuentra suficientes razones de justificación ante los demás.

El conocimiento, en sentido propio, implica la seguridad de comunicar un saber en función de razones válidas intersubjetivamente.


El tener por verdad, o validez subjetiva del juicio, en relación con la convicción (que posee, al mismo tiempo, validez objetiva), tiene los tres grados siguientes: opinión, creencia y saber. La opinión es un tener por verdad con conciencia de que es insuficiente tanto subjetiva como objetivamente. Si solo es subjetivamente suficiente y es, a la vez, considerado como objetivamente insuficiente, se llama creencia. Finalmente, cuando el tener por verdad es suficiente tanto subjetiva como objetivamente, recibe el nombre de saber. La suficiencia subjetiva se denomina convicción (para mí mismo); la objetiva, certeza (para todos). KANT, I. Crítica de la razón pura (B851/A823). Madrid: Alfaguara, 1998. pág. 640.

Pon ejemplos de opinión, creencia y saber. Justifica la diferencia.

La actividad de conocer


El conocimiento es producto de la relación entre un sujeto y un objeto.

Se produce una relación de conocimiento cuando un sujeto aprehende en su conciencia un objeto. Por medio de esta aprehensión el objeto se hace presente al sujeto a través de representaciones que él construye a partir de los fenómenos. Esta relación se denomina "intencionalidad". Todo conocimiento supone siempre una toma de conciencia de algo. Todo sujeto está dotado de estructuras con las que construye el objeto a partir del fenómeno. Por ello no son justificables ni el realismo extremo (que convierte al sujeto en un mero receptor pasivo) ni el idealismo extremo (que prescinde del objeto que actúa sobre el sujeto).






lunes, 12 de diciembre de 2016

Los signos de Peirce



El filósofo norteamericano Charles Santiago Sanders Peirce (en la imagen) fue el creador de la Semiótica o ciencia de los signos. Para Peirce un signo o representamen es algo que, para alguien, representa o se refiere a algo en algún aspecto o carácter. Dicho con más sencillez, un signo es algo que está en el lugar de algo, su objeto, al que representa (porque representar es sustituir o estar en el lugar de otro).

Son tres las clases principales de signo: iconos, índices y símbolos.

Un icono es una imagen de su objeto. La asociación entre el significante y el significado depende del parecido (como en una pintura figurativa, un diagrama o una fotografía). Evidentemente, cualquier cosa es apta para ser un sustituto de otra similar.

Un índice es el resultado de una relación existencial o de una conexión natural (probable) con su objeto. La asociación tiene lugar por contigüidad o relación causal, no hay parecido significativo. Un barómetro con marcas bajas, una veleta, la estrella polar, una plomada o nivel de burbuja, un síntoma médico... son índices.

En general los animales pueden manejarse sin muchas dificultades con estas dos primeras clases de signos, pero el mundo de los símbolos, el de los signos creados de forma convencional y arbitraria, el tipo de representamen que depende de una conexión intelectual con su objeto y que es resultado de un hábito de asociación cultural, parece ser una exclusiva humana. Una luz de vigilancia, un estandarte, una enseña, un billete, las palabras... son símbolos.

Y el mundo del símbolo es el mundo humano.

Somos animales simbólicos

¿Lo que hay hace relación a un determinado cuerpo? No, no es lo que hay, sino nuestro conocimiento de lo que hay. Pero es verdad que animales de diferentes especies contestarían de distintas modo a la pregunta por lo que hay. Eso depende de la actividad en que estamos inmersos y de otros factores.

Lo que hay para el recién nacido es un conjunto de estímulos sin significado. Nacemos con un cuerpo que dispone de una serie de esquemas perceptivos. Pero los estímulos tienen que convertirse en significados. Y el mundo del niño es un mundo hablado. Hablado con conceptos que tienen una proyección metafórica, es decir, expresan una realidad con otra diferente con la que guardan una relación de semejanza, por «traslado» o «desplazamiento».

Los significados no se producen en el cuerpo. Pero la interrelación del cuerpo con el mundo interviene, y esa relación está implicada la estructura del cuerpo. Estructura común, biogenética, que ayuda a la existencia de universales significativos comunes.

Helen Keller


El caso Helen Keller: sorda y ciega desde los 19 meses, no podía orientarse y comportarse con sentido. Le faltaba el lenguaje. Anna Sullivan consiguió enseñárselo a través del tacto, haciéndole descubrir algo esencial para cualquier ser humano: la función simbólica.

Averigua cómo lo consiguió hacer Anna Sullivan.

Límites del conocimiento


La conciencia es lo que hace del problema mente-cuerpo algo realmente inextricable. No tenemos actualmente una concepción de lo que sería una explicación de la naturaleza física de un fenómeno mental. Sin la conciencia, el problema mente-cuerpo sería mucho menos interesante y, con ella, parece no tener solución. Porque comprendemos de manera muy pobre el rasgo más importante y característico de los fenómenos mentales conscientes.

Cada fenómeno subjetivo está conectado esencialmente con un solo punto de vista. Todos creemos que los murciélagos tienen experiencias. Pero, aunque estén relacionados con nosotros, tienen un aparato sensorial muy diferente. Perciben el mundo exterior básicamente por sónar o ecolocalización, detectando los reflejos, en los objetos a su paso, de sus propios chillidos de alta frecuencia. Con ello sus cerebros hacen determinaciones precisas de distancia, tamaño, forma, movimiento y textura, comparables a las que hacemos nosotros con nuestra vista. Pero en términos subjetivos no se parece a nada que de lo que podamos sentir o imaginar. ¿Qué quedaría de lo que se siente al ser murciélago si eliminamos el punto de vista del murciélago? ¿Hay algún método que nos permita extrapolarnos a la vida interior del murciélago? Nuestra propia experiencia nos ofrece el material básico para nuestra propia imaginación, cuyo campo es, por tanto, limitado. Imaginar solo me indica qué sería para mí comportarme como un murciélago. Pero si deseo saber qué siente un murciélago al ser un murciélago, me veo limitado por los recursos de mi propia mente, inadecuados para la tarea. Solo puedo verme como un murciélago sin cambiar mi estructura fundamental y solo conseguiré desarrollar una concepción esquemática de a qué se asemeja.

El problema, y esto es lo importante, también se da entre una persona y otra. El carácter subjetivo de una persona ciega y sorda de nacimiento no es accesible para mí, ni presumiblemente ella comprenderá el mío. Nosotros sabemos qué se siente al ser nosotros, pero solo eso.

En general, hay hechos para los cuales los humanos nunca tendremos los conceptos necesarios que permitan representarlos o comprenderlos. Hay hechos que no consisten en la verdad de proposiciones expresables en un lenguaje humano. Adoptar el punto de vista del otro solo es posible para alguien que sea suficientemente similar al objeto de la atribución. Incluso para las otras personas, la comprensión de lo que se siente al ser ellos es solo parcial. Entre especies diferentes la comprensión es parcial en grado mayor aún.

domingo, 11 de diciembre de 2016

What is it like to be a bat?

Los murciélagos son animales que están relacionados con nosotros, los seres humanos. Para empezar, son mamíferos. Lo que ocurre es que estos mamíferos, parientes nuestros, tienen un aparato sensorial muy diferente, ya lo sabéis. Perciben el mundo externo básicamente por sónar o ecolocalización, detectando los reflejos (en los objetos a su paso) de sus propios chillidos de alta frecuencia. Sus cerebros están diseñados para correlacionar los impulsos emitidos con los ecos subsecuentes y para hacer de ese modo determinaciones precisas de distancia, tamaño, forma, movimiento y textura comparables a las que hacemos nosotros con nuestra vista.

¿Sois capaces de imaginar su mundo y contestar a la pregunta del título? La hizo un importante filósofo norteamericano: Thomas Nagel.


Representación



“El mundo, hijo mío -le dice en la pecera el pez padre a su hijo-, es una enorme bola llena de agua”.

Nuestro propio mundo, igual que el de los peces en la pecera, no es el mundo en sí (el mundo tal como es en sí mismo). Es un mundo tal y como nosotros nos lo representamos (un mundo para nosotros). Lo que podemos conocer está limitado por la capacidad de nuestro aparato cognoscitivo, el cual es a su vez resultado de la lucha evolutiva.

Oímos los sonidos tal como los oímos a causa de la estructura del oído humano. Una criatura con un oído distinto (un murciélago, un perro) funciona con una escala distinta de frecuencias y oirá las cosas de una manera distinta. La estructura del canal auditivo influye en el modo en que las cosas suenan. No podemos evitarlo ya que sólo tenemos una forma de escuchar. Ocurre lo mismo con todos los sentidos, igual que cada tipo distinto de cámara (de luz natural, térmica, infrarroja) saca un tipo distinto de fotografía.

Nuestras percepciones no son puramente pasivas, pero nuestro cerebro está tan acostumbrado a ordenar y procesar el mundo que no nos damos cuenta de ello. En ningún caso quiere esto decir que nos “inventemos” la realidad, o que la realidad de cada uno sea inconmensurable con la del otro. Quiere decir esto, simplemente, que usamos las herramientas que tenemos para conocerla: no podría ser de otra forma. Y esas herramientas, en el caso de los individuos de nuestra especie, no pueden ser muy diferentes, puesto que han servido para comunicarnos y coordinar nuestra vida social.

La paloma usa sus alas para volar, como el halcón, y como el helicóptero sus aspas o el jet sus turbinas. Y todos, aves y máquinas, se sostienen en el aire.


¿Qué quiso expresar el artista con esta obra?

Punto de partida


¿Cómo convertimos los estímulos que recibimos en un mundo con significado? Cuando me miro en un espejo, ¿qué sucede? Veo una imagen, un reflejo; me veo a mí mismo, pero me veo a través de un espejo. El sujeto que conoce soy yo, pero, ¿cuál es el objeto? ¿Lo que veo es la realidad o una representación de la realidad? ¿Cómo puedo saber que las cosas son tal y como las percibo?

domingo, 4 de diciembre de 2016

Lecciones para pensar mejor: definir y categorizar

Definir y categorizar son dos importantes habilidades de pensamiento.

Sin la primera de ellas, cualquier diálogo fracasará. Si no definimos de igual modo las palabras, si no acordamos lo que entendemos por los términos centrales del debate, no hay diálogo que salga adelante. Para ello es necesario utilizar las palabras con rigor y precisión, y por eso definir es uno de los actos más importantes del pensamiento filosófico.

Pero, ¿cómo se llega a una buena definición?
  • Apoyándose en términos simples y conocidos
  • Evitando circularidades, no usando el mismo término que queremos definir en la definición ("el deber es un tipo de conducta que hacemos por deber").
  • Evitando tautologías (el deber es el deber).
  • Procurando explicitar el sentido de los términos y sus rasgos comunes.
  • Intentando que sea aceptada y compartida en el marco de diálogo.
Comenzar un diálogo aclarando la definición de los términos que vamos a utilizar es fundamental para evitar malentendidos.


Categorizar es otro acto filosófico esencial. Su fin es aportar claridad y orden a nuestros razonamientos agrupando cosas y realidades según clases, es decir, según las características que comparten.
Y, aunque las cosas no se ordenan solas en categorías, aunque somos nosotros los que las organizamos y establecemos en ellas, hemos de tener en cuenta los hechos y las características reales. Hemos de procurar extraer las categorías de la realidad y no imponérselas. Esa es la mejor forma de organizar la información de la que disponemos.

Un futuro esperanzado, un futuro oscuro

La ciencia moderna, casi desde su origen en el siglo XVI, estuvo acompañada por una visión optimista y utópica del futuro de la humanidad. La Ilustración llevó este optimismo a su máxima expresión, esperanzada por el inevitable abandono del oscurantismo y la barbarie. Pero las transformaciones sociales, económicas y políticas que se dejan sentir en el siglo siguiente, pusieron todo este utópico positivismo en cuestión.

En 1816, Mary Shelley publicó Frankenstein o el moderno Prometeo, que supone una inquietante reflexión sobre los avances científicos y técnicos, y una denuncia del hombre moderno como aprendiz de brujo.

A lo largo del siglo XIX, algunas voces se alzaron para denunciar el cientificismo imperante, entre ellas la del filósofo Friedrich Nietzsche, quien ve en la ciencia un instrumento de dominación y una injustificada pretensión de objetividad y conocimiento, que pasa por alto la dimensión dionisíaca de la vida.

En esta época, derivado del darwinismo social, para la comunidad científica en general había razas superiores e inferiores luchando por la supervivencia, y era obligación de las primeras el dominio y el control, la expansión de su civilización, la explotación, el colonialismo, el imperialismo.

Iniciado el siglo XX, ya no está tan claro el valor siempre positivo y liberador de la ciencia. Durante la I Guerra Mundial fue patente la implicación destructiva de la ciencia (guerra química, bombardeos de aviación, artillería más potente, tanques…). El control tecno-burocrático de la vida social es ahora posible y ello conduce a imaginar un futuro más oscuro y deprimente en manos de minorías apoyadas por científicos sin escrúpulos. La experimentación genética y la sustitución tecnológica del trabajo humano amenazan con la sustitución del hombre, tal como lo hemos conocido, por parte de robots o de seres genéticamente manipulados y modificados.

A comienzos del siglo XXI, la tecnología ha dado pasos asombrosos y ha cambiado drásticamente nuestra vida, ayudándonos a vivir mejor, pero también haciéndonos dependientes de ella y castigando el entorno natural. Permaneciendo aún presentes otros problemas de salud y pobreza, la humanidad se pregunta si el progreso científico y técnico traerá más perjuicio que beneficios para la mayoría.

¿Cómo miras tú el futuro tecnológico de la humanidad?

viernes, 2 de diciembre de 2016

Ciencia, tecnología y sociedad


El filósofo Carlos Marx estableció una importante distinción entre ideología y ciencia.

  • La ideología es un conjunto de ideas elaborado por un grupo social para buscar el poder; su objetivo es ocultar la realidad o distorsionarla para reforzar la posición de dominio. Implica error, parcialidad y falsedad.
  • La ciencia es un estudio objetivo y crítico que permite a los seres humanos conocer la realidad y transformarla. Implica objetividad y verdad.

Pero no puede olvidarse que la ciencia, es una actividad social e histórica, lo que hace algo borrosa la diferencia. Porque los problemas específicos de cada sociedad y cada época determinan la selección de los objetivos de investigación. Y eso depende de la correlación de fuerzas de los grupos sociales. Por ejemplo, en la actualidad, se invierte más en curar enfermedades cardiovasculares que en la malaria.

¿A qué crees que eso se debe?

También las ideas sociales dominantes condicionan el abordaje de los problemas científicos. El movimiento feminista, y este sería un caso, denuncia el sesgo patriarcal en ciertas investigaciones y también la falta de atención a todo lo relacionado con la mujer.

¿Estás de acuerdo con la existencia de este sesgo?

Puede que en el presente, ciertos colectivos masculinos denuncien del mismo modo un sesgo feminista.Igualmente, el darwinismo social justificó y alentó el imperialismo y el racismo decimonónicos.

¿Qué es el darwinismo social? ¿Crees que está justificado?

Un segundo problema lo plantea la interacción circular entre ciencia pura y aplicada, entre ciencia y tecnología. Porque no están separadas y la prioridad que se da a la relación entre investigación y desarrollo (I+D) determina la organización y dirección del conocimiento.

En general, la ciencia, rodeada de prestigio social, se ha convertido en fuente de poder con inmensas posibilidades para la transformación social. De manera que su modelo de investigación se ha convertido  en el criterio único y absoluto de verdad. Eso ha reducido mucho las posibilidades de ejercer la crítica de este tipo de saber por parte de la sociedad. Hasta los gobernantes apelan a los dictámenes de los expertos para zanjar los debates públicos, y, a veces, la ciencia, termina legitimando lo que hay.

Sin duda, la ciencia, en connivencia con las fuerzas sociales dominantes, puede contribuir al control y a la manipulación. Pero, en su ejercicio libre, por el contrario, puede hacernos avanzar hacia una sociedad mejor.

¿Qué papel crees que tiene la ciencia en la sociedad actual? ¿Qué papel debería tener?

martes, 29 de noviembre de 2016

Los problemas éticos de la ciencia


Los problemas éticos de la ciencia dependen, en primer lugar, de su capacidad de incidencia sobre la realidad. Porque, aunque la ciencia investiga hechos y no discute de valores, no está libre de valores.

Algunos de los problemas éticos más importantes que plantea el avance científico son:
  • la presión sobre los investigadores para el logro de un buen curriculum (que puede inclinar al fraude)
  • los experimentos en el límite (con animales y/o humanos)
  • la imbricación entre ciencia e industria (que pueden ponerla al servicio de objetivos industriales o militares)
  • los efectos colaterales de la investigación (por ejemplo con transgénicos, robótica o neurociencia, que pueden generar manipulaciones deletéreas en la naturaleza y en el hombre)
  • la creación de una nueva sociedad tecnocrática, de una poderosa élite cognitiva separada de la masa

Tal vez por ello, el sociólogo Merton estableció cuatro requisitos regulatorios mínimos para hacer la actividad científica más segura:
  • universalismo (un criterio general e impersonal de verdad)
  • comunitarismo y consenso (la colaboración social debe estar detrás de los hallazgos científicos)
  • desinterés (la ciencia ha de comprometerse con búsqueda del bienestar común y no del beneficio particular)
  • escepticismo (hasta no disponer de pruebas empíricas y/o lógicas debe suspenderse todo juicio o afirmación).

Problemas filosóficos de la ciencia


La ciencia estudia lo que hay, lo que nos rodea, sea natural o sociocultural.
La ciencia estudia la realidad, pero ¿qué es la realidad?
Para muchos científicos, no hay más realidad que la realidad material. Pero, entonces, ¿cuál sería la realidad de, por ejemplo, los números?

La ciencia estudia las causas de los fenómenos, pero ¿qué es la causalidad?
La ciencia estudia lo que ocurre en el espacio y el tiempo, pero ¿qué son el espacio y el tiempo?

La ciencia solo describe fenómenos, es decir, lo que nos aparece.
La ciencia es realista, supone que las leyes y teorías describen el mundo.
Pero, ¿la ciencia es verdadera o simplemente utiliza lo que funciona como explicación?



domingo, 27 de noviembre de 2016

Lecciones para pensar mejor: la argumentación o razonamiento


La filosofía y la ciencia se construyen con argumentos. No hay ninguna buena idea filosófica o científica si no se puede fundamentar. Los argumentos son formas de justificación racional para nuestras creencias y están formados por dos clases de proposiciones llamadas premisas y conclusión. Las premisas son el punto de partida, normalmente proposiciones que hemos aceptado como verdaderas, y la conclusión es el punto de llegada: aquello que queremos sostener. Si uno rechaza una premisa el argumento fracasa. Del mismo modo, entre premisas y conclusión tiene que haber una relación que justifique racionalmente el paso de unas a otra. De no ser así el argumento también fracasa.

Hay diferentes formas de justificación racional, pero las tres más importantes son la deducción, la inducción y la abducción.

La deducción es la más rigurosa, propia de las ciencias formales y consiste en un encadenamiento lógico de proposiciones a partir de las relaciones que se dan entre sus elementos.
Todas las alubias de este saco son blancas. Esta alubia procede de este saco. Por tanto, esta alubia es blanca. 
La deducción, si está bien hecha, no admite dudas, pero no nos informa de nada que no esté ya contenido en las premisas: explica, pero a duras penas extiende el conocimiento.

No siempre, en la vida real (que no es la vida de las matemáticas o la lógica), podemos usar justificaciones deductivas en nuestros argumentos, de ahí que hayamos de emplear también la inducción o la abducción.

La inducción es la generalización consistente en el análisis de casos particulares y en la extracción de una conclusión general a partir de ellos.
Esta alubia es blanca y procede de este saco. Igual que ésta y ésta y ésta otra. Por tanto, todas las alubias de este saco son blancas. 
Se trata de una presunción basada en la regularidad de los casos o en la probabilidad. Extiende el conocimiento, pero no está exenta de duda porque no solemos agotar los casos antes de extraer la conclusión.

La abducción es el razonamiento hipotético, el razonamiento en favor de la mejor hipótesis.
Todas las alubias de ese saco roto son blancas. He ahí unas cuantas alubias blancas desperdigadas por el suelo. Deben haberse caído de ese saco. 
Ni que decir tiene que la mejor hipótesis (dadas las circunstancias, dado el análisis que hemos hecho, dados los datos disponibles, dadas nuestras capacidades) no tiene por fuerza que coincidir con la verdad.


¿Con qué tipo de razonamiento relacionas este chiste?

El árbol de la ciencia

Como hemos visto, hay distintos tipos de saberes o ciencias, pero todas comparten el compromiso racional en la búsqueda de la verdad y la aspiración a unas reglas rigurosas de verificación.

Tres son los modos esenciales de razonamiento que emplea todo saber racional (incluida la ciencia): deducción, inducción y abducción.

Y estos son los tipos principales de ciencia:
  • Ciencias formales (principalmente deductivas, pero también inductivas). El criterio principal de verdad es en ellas la validez racional y la coherencia.
  • Ciencias naturales (principalmente inductivas e hipotético-deductivas, pero también abductivas). El criterio principal de verdad pasa en ellas por la observación y puesta a prueba de las consecuencias cuantificables de sus hipótesis.
  • Ciencias sociales (inductivas, hipotético-deductivas y abductivas). El criterio principal de verdad se relaciona más con la comprensión que con la explicación de los fenómenos.
También puede hablarse de ciencias duras y blandas, puras y aplicadas.

Las principales normas orientativas de la investigación científica son:
  • buscar la explicación más sencilla (navaja de Ockham), 
  • acordar lo aceptable con la comunidad científica y 
  • la coherencia con lo que ya se sabe, 
  • la comprobación pública replicable.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

El método científico

¿De dónde procede la fiabilidad que nos proporciona la ciencia?

Si los seres humanos corrientes no vemos ni tocamos ni percibimos de ninguna manera las realidades de las que se ocupan los científicos, ¿de dónde procede la confianza que tenemos en sus descubrimientos y resultados? 

Evidentemente de la que merecen los que investigan y del método con el que investigan.

¿Quién investiga? Una comunidad, la comunidad científica, cuyo trabajo cooperativo multiplica la fiabilidad de los resultados. Porque dichos resultados son analizados y comprobados por muchos ojos y muchas mentes, que ven y piensan más que un solo par de ojos o que una mente aislada, por muy agudos o muy brillante que sea.

¿Cómo se investiga? Con un método riguroso basado en el uso de la razón y los datos empíricos. Toda teoría tiene que ser avalada por pruebas fiables aceptadas por esta comunidad, coherente con todo lo que se sabe hasta el momento.

¿Para qué se investiga? Para satisfacer nuestra curiosidad por conocer mejor lo que nos rodea. Y para aplicar ese conocimiento en el control de la naturaleza.



En la fiabilidad de las pruebas está la clave y el límite del conocimiento científico. Este conocimiento nos remite a lo observable, lo empírico, lo material, lo medible…Pero esta aspiración a las pruebas es un objetivo, un horizonte, un ideal. No siempre accedemos a todo los que queremos observar.  No todo lo podemos medir con la precisión que nos gustaría. En las ciencias naturales, cuando se llega al fondo complejo de la realidad material. En las ciencias sociales, cuando se ocupan de fenómenos multivariables que protagonizan actores humanos. Ambas plantean dificultades a la realización de este ideal. Tampoco son una excepción las ciencias formales, que no se ocupan de nada empírico.

No obstante, el modelo hipotético-deductivo, el modelo básico e ideal, reza como sigue:
  • Observación
  • Formulación de hipótesis, conjetura explicativa
  • Deducción racional de consecuencias
  • Contrastación de hipótesis
  • Formulación de leyes (hipótesis verificadas)
  • Elaboración de una teoría (en que se integren esas leyes, sistematización del conocimiento y explicación de los fenómenos)

Historia de la ciencia

  • En el mundo antiguo, la ciencia era sinónimo de conocimiento de las causas de las cosas (Aristóteles). Y estas causas eran de cuatro tipos: material, formal, eficiente y final.
  • En el mundo moderno, la ciencia originada a partir del Renacimiento supuso un cambio de paradigma con respecto al a ciencia antigua: adopción del modelo heliocéntrico, abandono de la causalidad final y centro en la causa eficiente ("cómo" frente a "para qué"), importancia de la medida precisa (matematización) «mide lo que sea posible y haz medible lo que no lo sea» (Galileo).
  • En su momento de madurez, con Newton, la ciencia se apoya en los siguientes supuestos (filosóficos): objetividad de las magnitudes (independientes del observador), ausencia de hipótesis, mecanicismo, determinismo. Y extiende su modelo a todas las disciplinas posibles.
  • Pero, a finales del siglo XIX y comienzos del XX, la ciencia contemporánea contempla una nueva revolución. Descartada la existencia del éter e inexplicada la radiación del cuerpo negro desde los principios básicos de la física clásica, se inicia una gran transformación que conduce a la teoría de la relatividad y a la física cuántica, campos que permanecen hasta el presente sin unificar. Cambian los conceptos de verdad y objetividad, desde el momento en que debe tenerse en cuenta que el observador modifica lo observado. Se abandona el determinismo clásico, sustituido por el cálculo probabilístico. El tiempo se convierte en una dimensión física más. El modelo mecanicista deja de satisfacer. La ciencia se institucionaliza en grandes centros de investigación y universidades, muy necesitados de tecnología y financiación a gran escala.


¿Acaba esto con la neutralidad e independencia de la ciencia?

sábado, 12 de noviembre de 2016

Lecciones para pensar mejor: razonamientos condicionales


Una de las herramientas principales de nuestro razonamiento es la que llamamos estructura condicional, es decir, la posibilidad de relacionar unos hechos que denominamos antecedentes con otros que denominamos consecuentes. Así sabemos que si todos los virus son inmunes a los antibióticos y descubrimos en un análisis que estamos afectados por un virus, no vale la pena perder el tiempo combatiendo nuestra infección con ellos. También, en sentido inverso, sabemos que si el cobre es conductor de la electricidad y tenemos un objeto que no sabemos de qué está hecho, si no es conductor podemos descartar que sea cobre.

La primera estructura de razonamiento es el modus ponendo ponens (el modo afirmativo del razonamiento condicional). La segunda el modus tollendo tollens (el modo negativo). Son formas válidas de razonar. Pero cuidado con sus imitaciones fraudulentas. Si alguien os asegura que con tal profesor se aprueba siempre que se estudie no podemos concluir que quien no estudie no aprobará (falacia del antecedente). Del mismo modo si alguien ha aprobado no puede concluirse necesariamente que haya estudiado (falacia del consecuente).






Un argumento es válido con la siguiente forma:
Si p entonces q, p luego q.
p y q valen por cualquier contenido que se quiera insertar, p es el antecedente y q el consecuente

Esta forma de razonamiento se llama «modus ponens».
Si eres un pez de colores, puedes andar en bicicleta. Y eres un pez de colores. Por tanto puedes andar en bicicleta.
El ostensible carácter absurdo de la primera premisa no afecta a la validez del argumento.


Pero el siguiente razonamiento
Si un vehículo se queda sin combustible deja de funcionar. Tu vehículo ha dejado de funcionar. Por tanto no tiene combustible.
Es falso por su estructura. Es la falacia de la afirmación del consecuente.
Si p entonces q, q entonces p.
Si ella me amara en secreto y no quisiera que su novio lo supiese, no contestaría mis cartas. Ella no contesta mis cartas, por tanto me ama y no quiere que su novio lo sepa.
Aunque las dos premisas sean verdaderas, la conclusión no necesariamente lo es. Es un non sequitur. Porque no se afirma que la única razón posible de la falta de respuesta sea un amor secreto. Existen numerosas explicaciones alternativas.
Si he comprado un automóvil mi cuenta del banco estará en rojo. Mi cuenta del banco está en rojo, por tanto me he comprado un automóvil.
Esta falacia parece correcta por su parecido con la estructura correcta. Pero no es la misma estructura. Lo mismo ocurre con la negación del antecedente.
Sin embargo, como hemos visto más arriba, es lógicamente correcta la negación del consecuente en el caso del Modus Tollens.
Si p entonces q, no q luego no p.
Si llueve las calles se mojan. Las calles están secas, por tanto no llueve.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Falsabilidad

¿Cómo se distinguen las opiniones científicas de las que no lo son? Según Popper son falsables, es decir, que pueden ser falsadas mediante pruebas experimentales y observaciones.

Ninguna teoría científica puede ser verificada de una forma definitiva, por más pruebas positivas que acumulemos. De modo que buscamos sustentación para ellas indirectamente: aplicándonos a tratar de rechazar dichas teorías. Una teoría que no admita tal cosa (la posibilidad de ser falsa si no se dan ciertas condiciones) no es científica. Superadas las pruebas, se ha cumplido con lo máximo, y, aunque quizá no sea suficiente para afirmar que dicha teoría es verdadera de una vez y para siempre, decimos, siguiendo a Karl Popper, que está corroborada.

Actividad:
-¿La parapsicología es ciencia o pseudociencia? ¿Y la astrología? ¿Y la ufología? ¿Por qué?

Explicar:
-El empirismo es el enfoque oficial de la ciencia, pero en ella se describen muchas cosas que distan de ser estrictamente observables y los científicos suelen razonar de modos que claramente no son observacionales. ¿Es ello posible?

Revoluciones científicas

Según Thomas Kuhn, la ciencia no progresa siempre por simple acumulación de conocimientos (la ciencia normal), sino a través de grandes cambios revolucionarios. Las revoluciones científicas (la ciencia revolucionaria) son momentos de desarrollo no acumulativo o paulatino en los que un viejo paradigma (un viejo modo de hacer ciencia, una vieja concepción científica del mundo) es sustituido por otro distinto e incompatible con él. Así sucedió cuando la astronomía heliocéntrica copernicana sustituyó al viejo modelo (paradigma) geocéntrico ptolemaico. O cuando la teoría einsteniana de la relatividad cambió el modo de pensar de la mecánica clásica newtoniana. O cuando el evolucionismo darwiniano dejó atrás el fijismo de las especies.

Kuhn, en su obra La estructura de las revoluciones científicas (1962), critica la filosofía de la ciencia desarrollada hasta entonces (Carnap, Hempel, Popper), al mostrar que no es suficiente para la caracterización de la ciencia la exclusiva atención al contexto de justificación, hay también un contexto sociológico e histórico de descubrimiento. Este filósofo procura esclarecer conceptos, corregir malentendidos y, en suma, demostrar la extraordinaria complejidad del mecanismo del progreso científico, cuando se examina sin ideas preconcebidas.

El término paradigma designa todos los compromisos compartidos por una comunidad de científicos. Por un lado, los teóricos, ontológicos, y de creencias y, por otro, los que hacen referencia a la aplicación de la teoría y a los modelos de soluciones de problemas.

Pero Kuhn también ha sido criticado por no prestar suficiente atención a la continuidad de fondo en la historia del pensamiento científico y por considerar que el cambio tiene lugar en forma brusca, casi de conversión a las nuevas doctrinas.

La genealogía de la ciencia


* La ciencia, tal como hoy la entendemos es una actividad relativamente reciente. En un sentido más amplio es casi tan antigua como la humanidad.
* La ciencia, por un lado, depende de nuestra curiosidad; por otro, de la dura relación que mantenemos con la naturaleza y de nuestra necesidad de ir resolviendo problemas (que depende de nuestro conocimiento de cómo son y funcionan realmente las cosas).
* Su base es la observación de los hechos, el descubrimiento de regularidades, la construcción de teorías que engloben las leyes que rigen los procesos y permiten predecir los que va a ocurrir (y así mejorar nuestra calidad de vida).
* Según Popper, la ciencia se basa en la acumulación de observaciones y en la búsqueda de errores. Eso lleva a la sustitución continua de teorías por otras mejores, más satisfactorias. A esto último denominaba Kuhn ciencia revolucionaria (frente a la ciencia normal). La ciencia revolucionaria implica cambios de paradigma.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

El caso Phineas Gage


Phineas Gage en un daguerrotipo de la época, posando con la barra que le atravesó

La razón por si sola no puede explicar la gran complejidad de la vida humana. Es necesario añadir un elemento nuevo que la matiza y complementa: la afectividad.

Mucho antes de que seamos capaces de razonar, nuestra relación con el mundo que nos rodea es puramente afectiva: nos acercamos o alejamos de las cosas en función de si nos resultan placenteras o dolorosas. A medida que vamos creciendo se van desarrollando nuestras capacidades cognitivas y vamos adquiriendo el uso de razón, pero toda nuestra vida psíquica está impregnada de afectividad. No nos limitamos a analizar objetivamente los datos que nos llegan: todo lo que percibimos está condicionado por nuestro estado de ánimo.

El neurofisiólogo Antonio Damasio, médico y neurólogo de origen portugués (junto con su esposa Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica de 2005), explica, en su obra El error Descartes, el caso de un trabajador de los ferrocarriles norteamericanos que sobrevivió a un terrible accidente en el que una barra de hierro le atravesó el cráneo. De resultas del mismo no murió, ni perdió las capacidades racionales (lenguaje, inteligencia), pero sí vio perturbadas sus capacidades afectivas y la toma de decisiones sensatas.

Investiga sobre el caso en Internet y expón tu punto de vista y tus conclusiones.

¿Qué piensas sobre la ciencia?

Actividad 1: Contesta a los siguientes interrogantes básicos sobre el conocimiento científico

¿Contribuye la ciencia a mejorar la vida de los seres humanos?
¿Se puede afirmar que todo es explicable científicamente?
¿Debe haber límites en las investigaciones científicas?
¿A qué llamamos ciencia?


Actividad 2: comenta las siguientes ideas de Albert Einstein sobre la ciencia
La ciencia es un intento de lograr que la diversidad caótica de nuestras experiencias sensoriales corresponda a un sistema de pensamiento lógicamente uniforme.
Las experiencias sensoriales representan lo dado. Pero la teoría que tendrá que interpretarlas está hecha por el hombre…
…un proceso… hipotético, nunca definitivo, siempre sujeto a la crítica y a la duda.
La manera científica de formar conceptos se distingue de la que utilizamos en la vida de cada día no sustancialmente, sino solo en la mayor precisión de las definiciones… una elección más esmerada y sistemática del material experimental; una mayor economía lógica.
 
Einstein, A., Mis ideas y opiniones. Barcelona, Bon Ton, 2002, pág. 292

jueves, 27 de octubre de 2016

El pintor Apeles

Apeles estaba pintando el cuadro de un caballo. Todo iba bien hasta que tuvo que pintar la espuma alrededor de la boca. Intentó varias técnicas sin quedar satisfecho con el resultado. Se cansó. Se ofuscó. Frustrado, cogió la esponja con la que limpiaba los pinceles y la arrojó contra el cuadro. La esponja golpeó en el belfo del caballo, cayó al suelo y Apeles descubrió que había dejado allí la perfecta impresión de la espuma. Apeles entonces fue feliz.

¿Qué conclusión obtienes de esta historia?

El deseo de pensar


Plotino fue un filósofo griego que vivió en el siglo III de nuestra era. Había nacido en la provincia romana de Egipto, no sabemos el lugar. Se formó en Alejandría con Amonio Saccas, que fue educado en el cristianismo, aunque luego lo abandonó por la filosofía platónica sin perder el fuerte espíritu religioso que lo caracterizaba, igual que a su discípulo.

Plotino abrió una escuela de filosofía en Roma y se hizo muy famoso y apreciado por la élite imperial. Llevó una vida ascética y muy virtuosa, recogiendo en su casa niños huérfanos. De carácter dulce y afectuoso, era vegetariano y tuvo cuatro visiones místicas de la divinidad (el Uno). Creía en la inmortalidad del alma, como principio espiritual, no personal.

Este curioso filósofo escribió:

“Es el deseo lo que engendra el pensamiento”  (Enéadas, V, 6 (24), 5, 9.)

¿Qué quería decir? Parece que lo que interesa en esa sentencia es el sentido más profundo de la respuesta a la pregunta "¿cómo vivir?" Ese sentido se intenta dilucidar mediante la reflexión, pero voluntad y reflexión son inseparables y toda aserción deberá ser comprendida desde la perspectiva del efecto que aspira a producir. Para Plotino, en filosofía, se trata siempre de formar, no de comunicar un mero saber. Filósofo es quien practica la filosofía. Y esa práctica es consecuencia de un deseo: el de alcanzar la sabiduría. Una meta difícil, de la que Plotino, al parecer, anduvo muy cerca.

Marco Aurelio, el emperador, algo más realista escribió sobre las ambiciones y los deseos de los filósofos
No esperes la República de Platón (la utopía), más conténtate si una nadería progresa, y piensa en el hecho de que lo que resulta de esa nadería no es precisamente una nadería. (Pensamientos, IX, 29)

¿Se te ocurre algún comentario sobre estos filósofos antiguos?

Una cuestión filosófica


Aparte su truculenta fantasía, a veces los mitos encierran gran profundidad, precisa inteligencia, sutiles lecciones. Valga ésta que sigue como ejemplo, porque no hay historia más ejemplar del sinsentido que la que se cuenta de Sísifo, rey de Corinto.
Sísifo, hombre notable, promotor de la navegación y el comercio, fue también avaro y mentiroso y recurrió a medios ilícitos, entre los que se contaba el asesinato de viajeros y caminantes, para incrementar su riqueza. No obstante, en lo que destacó, sobre todo, fue en astucia.
Cuando Tánatos fue a buscarle, Sísifo le puso grilletes, por lo que nadie murió hasta que Ares vino, liberó a Tánatos, y puso a Sísifo bajo su custodia. Pero aún no se habían agotado todos sus recursos: antes de morir le había dicho a su esposa que cuando él se marchase no ofreciera el sacrificio habitual a los muertos, así que en el infierno se quejó de que su esposa no estaba cumpliendo con sus deberes, y convenció a Hades para que le permitiese volver al mundo superior y así disuadirla. Pero cuando estuvo de nuevo en Corinto, rehusó volver de forma alguna al inframundo, hasta que allí fue devuelto a la fuerza por Hermes.
Como castigo, Sísifo fue obligado a empujar una piedra enorme cuesta arriba por una ladera empinada, piedra que, de alcanzar la cima, siempre rodaba hacia abajo, y Sísifo tenía que empezar de nuevo desde el principio. 
Sísifo no quería morir y nunca moriría, pero a cambio de pagar un alto precio: cumplir esta absurda e interminable tarea.

Razona ahora si estas modificaciones en la historia de Sísifo dotarían a su vida de sentido:
-Sísifo gana mucho dinero por su tarea
-Sísifo no trabaja solo
-Sísifo desea hacer lo que hace