Un humano sólo llega a ser plenamente humano entre humanos. Nuestra naturaleza no sólo nos invita a la vida social, sino que nos lo exige. La vida social nos constituye, no es una añadido, es parte de nuestra naturaleza. Ser verdaderamente humano es inevitablemente ser humano en sociedad.
Sin embargo, para entender el fundamento de este orden social, los filósofos, comenzando por los sofistas, han dado lugar a una ficción, a un artificio conceptual que ha resultado muy útil: la idea del pacto o contrato social entre las personas. En efecto, una cosa es la naturaleza y otra la ley y la organización política; una cosa son nuestras tendencias más o menos biológicas o instintivas y otra las normas y la estructura social que nos hemos dado, variadas, cambiantes, producto artificial humano.
La idea de pacto o contrato social es lo que imaginaban Hobbes, Locke o Rousseau, que sucedería a un supuesto estado de naturaleza en el que cada uno está sostenido en exclusiva por sus propias fuerzas y recursos. Estado difícil de sostener por diversos motivos, el pacto social, que resulta de la racionalidad humana, nos proyecta en un ámbito diferente en el que la renuncia en favor del colectivo es la base de la seguridad y de los derechos individuales.
La idea de contrato social deriva de una concepción de las personas como criaturas capaces de asumir el protagonismo de sus vidas, procede de la convicción de que el orden natural no nos obliga ni moral ni fácticamente a una organización política concreta, que las personas tenemos la necesidad de organizar por nosotras mismas la convivencia y el derecho a decidir cómo lo hacemos.
Otros autores como Aristóteles, Hegel o Marx, no encuentran mucho sentido en esta ficción conceptual porque, aunque es cierto que sin individuos no hay sociedad, es la sociedad la que nos hace realmente personas, que no lo seríamos realmente antes del supuesto pacto, que la totalidad es anterior a las partes.
Ya tenemos aquí expuestas, simplificando un poco, las posiciones principales sobre la organización social y política: las que dan prioridad al conjunto y las que la dan al individuo.
















































