El deseo de pensar


Plotino fue un filósofo griego que vivió en el siglo III de nuestra era. Había nacido en la provincia romana de Egipto, no sabemos el lugar. Se formó en Alejandría con Amonio Saccas, que fue educado en el cristianismo, aunque luego lo abandonó por la filosofía platónica sin perder el fuerte espíritu religioso que lo caracterizaba, igual que a su discípulo.

Plotino abrió una escuela de filosofía en Roma y se hizo muy famoso y apreciado por la élite imperial. Llevó una vida ascética y muy virtuosa, recogiendo en su casa niños huérfanos. De carácter dulce y afectuoso, era vegetariano y tuvo cuatro visiones místicas de la divinidad (el Uno). Creía en la inmortalidad del alma, como principio espiritual, no personal.

Este curioso filósofo escribió:

“Es el deseo lo que engendra el pensamiento”  (Enéadas, V, 6 (24), 5, 9.)

¿Qué quería decir? Parece que lo que interesa en esa sentencia es el sentido más profundo de la respuesta a la pregunta "¿cómo vivir?" Ese sentido se intenta dilucidar mediante la reflexión, pero voluntad y reflexión son inseparables y toda aserción deberá ser comprendida desde la perspectiva del efecto que aspira a producir. Para Plotino, en filosofía, se trata siempre de formar, no de comunicar un mero saber. Filósofo es quien practica la filosofía. Y esa práctica es consecuencia de un deseo: el de alcanzar la sabiduría. Una meta difícil, de la que Plotino, al parecer, anduvo muy cerca.

Marco Aurelio, el emperador, algo más realista escribió sobre las ambiciones y los deseos de los filósofos
No esperes la República de Platón (la utopía), más conténtate si una nadería progresa, y piensa en el hecho de que lo que resulta de esa nadería no es precisamente una nadería. (Pensamientos, IX, 29)

¿Se te ocurre algún comentario sobre estos filósofos antiguos?

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