Lecciones para pensar mejor: el abogado del diablo

El abogado del diablo (en latín advocatus diaboli) es el apelativo popular con el que se alude al procurador fiscal en los juicios o procesos de canonización de la Iglesia Católica. Se trata de un clérigo doctorado en derecho canónico cuya misión es objetar, exigir pruebas y descubrir errores en toda la documentación aportada para demostrar los méritos del presunto candidato a los altares como beato o santo. Evidentemente trata de que la Iglesia no cometa un error buscando y desvelando aspectos negativos o puntos débiles en los candidatos a santo.

El término abogado del diablo se aplica por extensión a personas que defienden una posición en la que no necesariamente creen, o a quienes presentan a otro debatiente un argumento contra una posición en la que sí creen. Este proceso permite comprobar la calidad del argumento original e identificar las debilidades de su defensa.
Si un argumento puede resistir el ataque encarnecido de alguien que busca sus puntos débiles, se tratará de un argumento fuerte; si no puede soportarlo, deberá ser reformulado o abandonado.
René Descartes confiaba en la posibilidad de encontrar una verdad indubitable y para ello ejerció como abogado del diablo. Puso en cuestión la fiabilidad de nuestros sentidos, porque a veces nos engañan y porque no podemos tener la certeza de no estar soñando. Puso en duda la solidez del razonamiento matemático, porque un genio maligno podría estar engañándonos sistemáticamente para que tomásemos como evidente lo falso. Entonces, ¿no podemos saber nada con certeza? Sí que podemos, porque dudar es prueba fehaciente de que existe alguien que duda, porque dudar es una forma de pensamiento y si pensamos entonces es claro que existimos.

En definitiva, pensar como un abogado del diablo es buscar los puntos débiles de nuestros razonamientos para hacerlos más sólidos.

Comentarios

  1. David Jesús Árbol Guerrero Nº2 - 1ºA Bachillerato
    A la hora de utilizar la filosofía es necesario confeccionar opiniones claras para poder utilizarlas al argumentar una idea. Estas deben estar sometidas a un proceso de reelaboración continuo durante toda tu vida y la historia de la humanidad pues, si esto fuese incierto, actualmente contemplaríamos la sociedad tal y como se mostraba en su estado primitivo. Para construirlas, la parte filosófica de cada persona utiliza diversas armas de las cuales no todas son muy apropiadas pues pueden llevarte a una mentalidad cerrada y una vida austera. La filosofía siempre está dispuesta a recibir ideas para ser cuestionadas correcta y adecuadamente.
    Uno de los puntos a destacar y más básicos en la tarea del filósofo es ejercer como abogado del diablo. Este calificativo define popularmente a aquellos que defienden ideas hipócritas con las que no está de acuerdo el individuo, que argumenta en contra de su propia opinión. Podemos pensar que debido a su referencia a los farsantes carece de utilidad en este ámbito, nada más lejos de la realidad.
    Para erigir un concepto de forma sólida y eficaz es estrictamente necesario actuar como abogado del diablo, es decir, escrutar argumentos contrarios a este para comprobar inmediatamente si el formulado primeramente se sostiene para todas las cuestiones. Si esto no ocurre significa que creemos en una verdad errónea y por lo tanto debemos sustituirla o modificarla. La duda referente a una verdad que creemos absoluta es en cualquier caso bienvenida pues es posible que fundamentemos todas nuestras ideas en una mentira.
    Como consecuencia, esta visión filosófica sobre la cimentación de las opiniones es viable a todos los ámbitos laborales y sociales, y útil por lo tanto para el avance de la ciencia o la erradicación de las pobrezas mundiales como guerras o el hambre. Gracias a ello podemos poner en común opiniones más elaboradas sobre la realidad en la que vivimos.

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  2. Todas las opiniones que se llevan acabo en nuestra sociedad deben ser sometidas a un juicio previo y con la palabra juicio me refiero a un dictamen sobre el por qué de su existencia y conclusión. Así pues, para hacer una idea más firme debemos obtener pruebas de la veracidad de los hechos y virtudes de nuestros argumentos ya que este procedimiento dota de mayor fuerza y credibilidad a nuestra opinión. Actuar como abogado del diablo es fundamental si queremos vivir en una sociedad con pensamientos razonables y empíricos ya que al fin y al cabo son estos los responsables de nuestras decisiones. Si no adoptáramos una imagen imparcial ante las diversas opiniones no podríamos diferenciar aquellas que tienen fundamento y evidencia de las que no lo tienen. Por lo que uno de los trabajos fundamentales de los filósofos es verificar nuestras ideas a base de buscar sus puntos débiles para fortalecerlas, ya que así se confirma la calidad del argumento y se identifican las debilidades de su defensa.
    MARTA GALIANO GUZMÁN 1ª BACHILLERATO.

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  3. Todos los argumentos que se propongan para defender una idea no serán aprobados por todos los receptores, esto debe de hacernos pensar que tal vez no sean correctos, por lo tanto habría que asegurarse lo mejor posible de su validez, para ello sirve ser abogado del diablo. Ponerse en el lugar opuesto del debate nos hará detectar nuestras flaquezas en los argumentos para reformarlos o para abandonarlo por completo y encontrar sustitutos más fuertes.
    Si todos fuésemos abogados del diablo posiblemente habría menos argumentos descabellados, estaríamos más de acuerdo los unos con los otros y habría mejores debates que algunos de los que nos encontramos entre altos cargos de la sociedad, con perdón y respeto.

    Leonardo Esparrica Torrecilla 1B

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