Lecciones para pensar mejor: definir y categorizar

Definir y categorizar son dos importantes habilidades de pensamiento.

Sin la primera de ellas, cualquier diálogo fracasará. Si no definimos de igual modo las palabras, si no acordamos lo que entendemos por los términos centrales del debate, no hay diálogo que salga adelante. Para ello es necesario utilizar las palabras con rigor y precisión, y por eso definir es uno de los actos más importantes del pensamiento filosófico.

Pero, ¿cómo se llega a una buena definición?
  • Apoyándose en términos simples y conocidos
  • Evitando circularidades, no usando el mismo término que queremos definir en la definición ("el deber es un tipo de conducta que hacemos por deber").
  • Evitando tautologías (el deber es el deber).
  • Procurando explicitar el sentido de los términos y sus rasgos comunes.
  • Intentando que sea aceptada y compartida en el marco de diálogo.
Comenzar un diálogo aclarando la definición de los términos que vamos a utilizar es fundamental para evitar malentendidos.


Categorizar es otro acto filosófico esencial. Su fin es aportar claridad y orden a nuestros razonamientos agrupando cosas y realidades según clases, es decir, según las características que comparten.
Y, aunque las cosas no se ordenan solas en categorías, aunque somos nosotros los que las organizamos y establecemos en ellas, hemos de tener en cuenta los hechos y las características reales. Hemos de procurar extraer las categorías de la realidad y no imponérselas. Esa es la mejor forma de organizar la información de la que disponemos.

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