No ven los ojos, sino la mente


El cuadrado A es exactamente del mismo color que el cuadrado B

Detrás de cualquier ilusión lo que nos encontramos es la posibilidad de percibir el objeto de más de una forma. Esto pone de manifiesto que la visión ingenua del conocimiento como espejo de la realidad es insostenible.

En el conocimiento, en efecto, nuestro ingenuo punto de partida es el realismo extremo: confiamos casi ciegamente en la capacidad de nuestros sentidos para reflejar la realidad del mundo y para alcanzar la verdad. Luego, la diversidad de opiniones sobre los temas fundamentales nos llevan a dudar y reflexionar y así la teoría del conocimiento se convierte en el prólogo indispensable para tratar las demás cuestiones.

¿Conocemos la realidad tal como es o la realidad es tal como la conocemos?

Como decimos, la actitud realista ingenua considera que nuestro conocimiento del mundo refleja las cosas tal como son en sí mismas, independientemente de mí. Si hay errores, que existen, se deberán solo al mal uso de nuestras facultades. Pero la confrontación con el mundo de lo ilusorio muestra que nuestro intelecto no es meramente pasivo, que extrae una esencia, un significado, una interpretación (o más de una) de las apariencias, y por tanto, no se limita a manejar meros datos sensibles.

Entonces aparece la duda. ¿Cómo se sabe que el conocimiento refleja la realidad? ¿Podemos prescindir de nuestro propio conocimiento para llegar a las cosas mismas? ¿Dónde está el color rojo? ¿En la manzana? ¿En la flor?

Está en el ojo que contempla o, mejor, en el cerebro que procesa la información que envía el nervio óptico. Otro sistema visual percibirá otros colores. La realidad es, en parte, producto de nuestro conocimiento. Pero, ojo, solo en parte. El conocimiento no es la verdad, pero un conocimiento que no tuviera nada que ver con la verdad no sería conocimiento alguno. Por eso, según Kant, todo conocimiento es fruto de una síntesis entre la experiencia y los esquemas de organización del sujeto.

Las ilusiones ópticas pueden ser de carácter fisiológico asociadas a los efectos de una estimulación excesiva en los ojos o el cerebro (brillo, color, movimiento, etc., como el encandilamiento tras ver una luz potente) o cognitivo en las que interviene nuestro conocimiento del mundo (como el Jarrón Rubin en el que percibimos dos caras o un jarrón indistintamente). Las ilusiones cognitivas se dividen habitualmente en ilusiones de ambigüedad, ilusiones de distorsión, ilusiones paradójicas e ilusiones ficticias (alucinaciones),'' donde las imágenes no son perceptibles con claridad por el ojo humano. Esto nos lleva a señalar de nuevo que nuestro conocimiento tiene límites.


Las líneas diagonales son paralelas, aunque no lo parezca

Jarrón de Rubin. Podemos percibir la figura y el fondo de manera alternativa

No percibimos lo que hay fuera: percibimos lo que el cerebro nos dice que hay fuera. El cerebro hace asunciones (inferencias inconscientes) basadas en la experiencia previa. De ahí la ilusoria sensación de profundidad en las siguientes imágenes.


El cubo avanza en una dirección o en otra, pero nada cambia en la página: el cambio tiene lugar en el cerebro. Esto prueba que la visión (y el conocimiento en general) es búsqueda activa. No vemos dos cosas al mismo tiempo, ni una fusión de ellas. Si el mundo exterior no cambia, es el cerebro presenta diferentes interpretaciones.

Y mucho de lo que pensamos y sentimos no está bajo nuestro control consciente. Las neuronas operan sus propios programas. Nuestro cerebro funciona la mayor parte del tiempo con el piloto automático. Y la mente consciente tiene poco acceso a la fabrica que opera debajo de ella. En las ilusiones vemos lo que es imposible en el mundo exterior, como el movimiento sin cambio de posición por la estimulación de los detectores cerebrales del movimiento.




En definitiva, el conocimiento no es la realidad, sino la representación (esperamos que verdadera, coincidente) de la realidad. No somos directamente conscientes del mundo exterior, solo de las señales del sistema nervioso, de nuestra experiencia y de la interpretación de nuestra experiencia.

El acto de ver parece muy natural porque no somos conscientes del trabajo que hay detrás. Los pacientes que recuperan la visión después de décadas de ceguera, no ven inmediatamente el mundo: tienen que aprender a ver de nuevo, aprender a interpretar los datos que llegan. La visión es una construcción. Así nuestra visión periférica es mucho peor de lo que pensamos, pero hacia donde dirigimos los ojos todo está enfocado, y eso nos lleva a suponer que el resto del campo visual está enfocado. Siempre dirigimos los ojos hacia aquello que nos interesa, no somos conscientes de que solo vemos un limitado campo de visión en cada momento. No somos conscientes de todo lo que llega a nuestros ojos en cada instante.


En el conocimiento es esencial la atención, la focalización, el interés. Poner los ojos en algo no garantiza ver, los magos lo saben. Nuestro cerebro solo procesa una pequeña parte de la escena visual. No necesita un completo modelo del mundo.


Vemos las líneas verticales, pero no vemos cuántas

Creemos tener una rica experiencia del mundo pero de hecho solo vemos lo que necesitamos conocer. ¿Cuál es la posición de nuestra lengua en la boca? No lo sabemos hasta que no hacemos la pregunta. El cerebro no necesita saber muchas cosas, solo saber cómo averiguar algo cuando lo necesite. No somos conscientes de muchas cosas hasta que no nos preguntamos por ellas. Somos conscientes cuando desplegamos nuestra atención sobre una pequeña parte de la escena.


En este experimento sobre un cuadro de Yarbus se pidió a varias personas que mirasen la imagen y se grabó el recorrido que hacían sus ojos. Se comienza con un examen libre y luego se pide al sujeto que averigüe cosas a partir del cuadro: el nivel de renta de la familia, las edades de sus miembros, lo que han estado haciendo antes de la llegada del visitante inesperado, las ropas que visten, el tiempo que hace desde que no lo ven... Ante cada interrogación, el patrón de movimiento de los ojos cambia.

Más ejemplos que pueden fundamentar todo lo que venimos diciendo hay muchos en los anales de la medicina. El envenenamiento por monóxido de carbono en una mujer en 1978 produjo un daño irreversible en el sistema visual de su cerebro que afectaba a las regiones que representan el movimiento. Resultado: ver una reluciente columna de agua colgando de una jarra (cuando el agua se vierte). Para esta persona, sin la capacidad de proceso suficiente, la vida era una serie de instantáneas. También a veces determinadas operaciones devuelven la vista a las personas y estas no consiguen "ver" inmediatamente, aunque los estímulos visuales comiencen a afectar desde el principio a su cerebro. Ven de entrada ininterpretables sensaciones de filos, colores y luces antes que  aprendan a ver. Restaurada la visión, a veces siguen sin tener sentido las líneas convergentes, o la perspectiva en plano, o el desplazamiento de la escena a la derecha cuando la cabeza gira a la izquierda (esa fue mi propia experiencia infantil del movimiento del paisaje desde un tren).

Algo muy curioso es la posibilidad de "ver con la lengua". Para ayudar a escalar a un escalador ciego, se trasladan imágenes de video a través de un código de hormigueo por electrodos aplicados en dicho apéndice. El cerebro se acaba adaptando a ese input de información. Y es que no ven los ojos sino el cerebro. Dispositivos similares se han fabricado para que vean los buceadores en el agua turbia o para que los soldados tengan 360º de visión en la oscuridad.

Comentarios

  1. En mi opinión la realidad es tal como es, ya que si por ejemplo ahora mismo está habiendo un incendio en una zona remota del mundo y yo no lo sé, esto no deja de ser verdad, simplemente yo no manejo esa información, el incendio está ocurriendo, es la realidad, pero yo no la conozco porque esa información no llega a mí.
    El conocimiento refleja la realidad porque al no conocer un hecho para ti no es real, aunque el hecho que para una persona no sea real no quiere decir que este no esté ocurriendo, simplemente que esa realidad no ha llegado a ti. No podemos prescindir de nuestro conocimiento para llegar a las cosas ya que si no tuviéramos conocimiento sobre la tecnología, no podríamos llegar al ordenador, bien no existiría o bien no sabríamos que es. El color rojo está en nuestro ojo, que a su vez está conectado con el cerebro, este es el que interpreta una gama de colores de una forma determinada, bien está claro que en la mayoría de individuos de una especie ese color se ve de la misma manera, pero hay otros que pueden padecer alteraciones(daltonismo), un ejemplo de que los colores son una interpretación del cerebro fue la famosa foto de un vestido que se hizo viral el cual algunas personas veían blanco y dorado y otros azul y negro.
    Jorge Vargas Montero 1ºBACH A

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  2. David Jesús Árbol Guerrero 1ºA - Nº2 Bachillerato


    La realidad; la materia, energía… existen al margen del individuo que la percibe, aunque este a través de sus órganos de los sentidos con unas características específicas pueda construir una representación de la realidad. Lo que nosotros apreciamos no es en absoluto la realidad en sí. Nuestra mente es un espejo de la realidad que filtra muchísimos aspectos de esta y, como consecuencia, las señales que nos llegan pueden estar deformadas como observamos en la primera imagen con los cuadros A y B del mismo color, pero aparentemente distintos.

    El conocimiento humano no se corresponde completamente con la realidad, sino que es una fusión de la razón y la experiencia, condicionada por nuestros límites perceptivos y cognoscitivos. La especie humana es el resultado de cambios en un ser vivo que se ha adaptado para sobrevivir; no para comprender la realidad.

    No por esto último debemos de dudar de todo (excepto de nuestra propia duda y existencia) como explicaba Descartes: “Pienso luego existo”. Es cierto que podemos recibir estímulos falsos como causa de la naturaleza humana; pero si podemos clasificarlos como falsos, para ello deben existir verdaderos y como conclusión no podemos prescindir de nuestras herramientas para interaccionar con el medio pues no podríamos desarrollar nuestra vida diaria.

    En definitiva, conforme avanzamos en el conocimiento científico aparecen cada vez más términos abstractos muy complicados de asimilar, como es común, imposibles de entender. Son simples números y fórmulas que la ciencia abstracta de las matemáticas nos permite estudiar. Podríamos decir que por medio de nuevas herramientas creadas por el hombre como dicha ciencia es posible conocer más allá de nuestros límites, pero es falso. El propio medio también tiene límites, aunque se base en la pura lógica, ya que al resolver los problemas que se nos presentan aparecerán nuevos obstáculos (relacionados con la naturaleza de nuestros sentidos) que nos impedirán avanzar. El ejemplo más sencillo es aquel alumno que realiza de forma errónea un ejercicio cuando existe una verdadera ilusión de lógica y veracidad.

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  3. Los ojos sólo ven lo que la mente conoce. Y la mente conoce lo que hemos aprendido a lo largo de los años . No vemos con los ojos sino con el cerebro, que es el órgano encargado de procesar la información que le llega, de recordarla y encontrarle un sentido.
    Esta información entra a través de los sentidos, importantes para reconocer las cosas , no pasa directamente a la corteza cerebral pensante, sino que se dirige a estructuras cerebrales más primitivas. ¿quien no reconoce algo por su olor aunque tenga los ojos cerrados? No esta viendo el objeto pero su mente si reconoce ese olor . Por lo tanto vemos con la mente .
    También pasa cuando vemos algo que no conocemos, no sabemos que es ,pero en el momento en que el cerebro empieza buscar explicaciones de lo que estamos viendo , este empieza a transformar la información que le llega y la ordena y reconoce lo que vemos por lo tanto nos da una respuesta .Cuando creemos tener la respuesta dejamos de buscar, dejamos de aprender, y dejamos de cuestionarla .Así actuamos siempre y de esta manera vamos conformando ,nuestros recuerdos , reconociendo todas las cosas y aprendiendo siempre...


    ANTONIO JOSE MOYA CAMPOS 1º A BACH

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