La representación y expresión de la belleza


Mujeres corriendo por la playa, Picasso
Aunque no todo artefacto sea una obra de arte, una obra de arte es un artificio, un producto humano, un artefacto. El arte es un artificio relacionado con la belleza, aunque haya también belleza más allá de las obras humanas, en las cosas naturales.

Lo que caracteriza el arte, lo que distingue a una auténtica obra de arte, es su capacidad para producir una emoción estética: una forma de goce o placer sin relación con ningún interés práctico, sino con la simple percepción de la belleza. Una obra de arte es un artificio que no tiene que satisfacer un propósito utilitario, sino estético.

El arte llega a nosotros a través de lo sensible. La percepción de lo bello es resultado de la interacción entre el espectador (con su sensibilidad) y la obra artística. Pero, cuidado, el arte no es necesariamente la representación de una cosa bella, sino, más bien, la representación bella de una cosa. En ella lo esencial no es el contenido (la cosa bella), sino la forma (la representación bella). Las auténticas obras de arte comparten esta forma bella, una propiedad difícil de definir en la que existe armonía, proporción, habilidad especial, maestría, creatividad... Las personas sensibles y educadas las reconocen intuitivamente, de un modo sensible e inmediato.

El concepto de arte es valorativo, es un valor que otorgamos a algunas obras humanas. Pero el valor atribuido a ciertos objetos por el esnobismo o por el afán de poseer lo que se considera único o exclusivo, no guarda siempre relación con el mérito artístico. Un objeto artístico no es una reliquia ni su esencia es el alto precio. El mérito artístico, que es lo que atribuimos al autor de una obra de arte, no reside sólo en la obra sino en el estilo personal, y valoramos más en él la creatividad del autor original que la habilidad de un posible imitador.

En efecto, la creatividad es uno de los aspectos más importantes del mérito artístico, pero tampoco el único. No debe serlo. Muchas de las cosas que se exhiben en los museos de arte moderno son creativas y originales, pero no llegan a ser arte aunque sorprendan, porque ni conmueven por su belleza, ni proporcionan goce estético. También lo absurdo y antiestético puede ser original.

¿Qué es el arte? ¿Está en el ojo del observador? Sí, claro. Los juicios de arte son juicios de gusto, pero no son simplemente la expresión de preferencias individuales y es por ello razonable esperar que otros individuos coincidan con ellos. Según Hume, surgen del sentimiento. De un sentimiento estético que compartimos (o que puede compartirse). La belleza de un objeto depende de su capacidad de afectar al observador y esto sugiere que la respuesta emocional estética dependerá no solamente del objeto mismo, sino del aspecto de éste que contemple o en el que se concentre el observador. Pero, en cualquier caso, los debates sobre la belleza y el estudio de las obras de arte educan nuestra sensibilidad artística, nuestro buen gusto, sin el cual muchas obras de arte pasan o pasarían desapercibidas.

El arte no es necesariamente reproducción o copia de la realidad. Tampoco ha de albergar fines moral o sociales. El fin primero del arte es producir belleza y, a través de ella, deleite, placer, goce estético desinteresado.

El arte es simplemente la expresión de la belleza. Y el gusto artístico, el sentido estético, es nuestra capacidad para disfrutar del arte, nuestra facultad para apreciar lo bello.

Comentarios

  1. EL ARTE Y EL PLACER ESTÉTICO

    ¿Qué son las bellas artes? ¿Qué es el arte y que es lo bello? Si afirmamos que lo bello es lo que que place a los sentidos, o algo agradable que produce una reacción impresionista en nosotros y posteriormente decimos que el arte es una producción humana, generalmente desinteresada puesto que no tiene que satisfacer un propósito utilitario, sino estético, que busca una forma de expresar la belleza más que de representarla, también podemos afirmar que una conversación, unos pechos operados o los relucientes lingotes dorados por los que nativos países colonizados cuyos hilos fueron cortados por la occidental decoración, son arte.

    A esto también habría que cuestionarse hasta qué punto una obra es desinteresada puesto que tanto el creador como el espectador esperan un beneficio, aunque este no sea esencialmente físico, además ¿hasta qué punto nos diferenciamos espectadores y creadores?, es decir, ¿cuantos poemas, cuantas canciones, cuantas enemas y tensiones se han perdido en la cuna del olvido por la subestimación del creador que nunca se atrevió a publicar sus prosas en libros de estrofas o a inmortalizar en el tiempo imágenes taladas en los blancos lienzos?
    Todo esto en el plano idealista obviando nuestra condena en una cosmovisión capitalista.

    Cuando un objeto es bello es declarado agradable, expresando así un interés mediante la sensación y una proporcionada satisfacción, creándose así una relación entre lo existencial y la afectación personal, por tanto, lo agradable agrada por interés, y como lo bello no puede presentar interés, lo agradable, no es lo bello. Tampoco puede ser lo bueno por medio de la razón y por la simple relación con la conveniencia. Se puede decir que es bueno para algo cuando place como medio, y bueno en sí cuando place en sí mismo; pero en ambos casos hay un fin o un interés. Por lo tanto, tampoco lo bueno es lo bello. Para definir si algo es bueno se debe tener un conocimiento del objeto, y como señalé anteriormente, lo bello no requiere tal conocimiento debido a su relación con lo personal, el impresionismo y el interés.

    ¿Cómo podría complacernos una obra de arte por la cual mostramos desinterés? ¿Acaso tendríamos que mostrar un cierto interés por ella para hacer esa reflexión y conseguir así la satisfacción deseada por la contemplación de la representación amada? Sí, de otro modo, el desinterés puede convertirse en una penitencial indiferencia.
    La obra de arte debe quedar sometida a un cierto tipo de interés si requiere la contemplación, o todos pasaríamos por alto las obras u objetos bellos y no podríamos satisfacernos con su belleza. Pero esto rompe con la libertad y autonomía de las obras de arte en lo que no sea propio del sujeto, al arte desposeído de todo contenido y en su lugar coloca la simple efímera satisfacción del vacío.

    Este interés no es solo ejercido por los espectadores, o por los creadores, sino también por medios, por mensajes, por contextos, y lamentablemente en última instancia por su correspondiente calidad. La categorización, no la jerarquización, de arte ha sido dada en vano en numerosas ocasiones así como también han sido eclipsadas e ignoradas debido a estas cadenas de interés subjetivo de las que alzaron sus alas pájaros sin canto, que tragamos como un mar traga a un naufragio.

    ÁLVARO PASTOR GARCÍA 1BACH C

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